Marco Miranda. Pintor. 32 años

Pasión hecha color

¨Toda la vida me había gustado el dibujo, pero no sabía que era mi pasión.¨

Cuando no te enseñan que puedes vivir de ser artista, es todo un reto apostarle a este tipo de proyectos que se transforman en una decisión de vida y no transitar el camino fácil tirando la toalla y optando por carreras como la ingeniería, la medicina o la arquitectura, si de artes se trata.

La pasión de Marco Miranda nació cuando visitó por primera vez una exposición de dibujo de los alumnos de tercer semestre. Desde que entró al lugar supo que eso era lo que él quería hacer. Y así fue como su mamá logró persuadirlo de irse a estudiar a Guadalajara e hizo que se  quedara en Sonora y cursara la Licenciatura en Artes Plásticas. “Toda la vida me había gustado el dibujo pero no sabía que era mi pasión, de hecho, no me gustaba en la carrera.”

Marco estuvo a punto de renunciar a su sueño en el segundo semestre porque la universidad no era lo que esperaba pero sucedió algo que no estaba en sus planes: un maestro de la especialidad de diseño visitó el salón y eligió tres dibujos que consideró de los mejores para una exposición en el Museo Chicano de Phoenix. Dos de ellos eran de Marco quien al poco tiempo se encontraba exponiendo en un museo. Este fue el detonante de su pasión que lo alejó de sus dudas y le permitió empezar a crear obras de manera libre, fue cuando comenzó a fluir.

Y así se rompieron muchos otros paradigmas más, como convertirse en maestro de dibujo en el Centro de Enseñanza Técnica y Superior (Cetys) de Ensenada en donde también se desempeñó como pintor en un taller a puerta abierta en una de las galerías de muebles del diseñador Fausto Polanco.

Sin embargo, Marco pintaba por encargo y, sobre todo, siguiendo la línea de arte mexicano que ofrece Polanco al mercado estadounidense, así que su campo de propuesta estaba limitado. Pero no pasó tiempo en el que él hiciera sus propias propuestas involucrando el grabado con pintura en un estilo figurativo, como él lo llama, y en conocer a otros artistas que lo llevaron a montar una exposición y a dejar definitivamente la pintura por encargo.

Hoy en día, a los 32 años, Marco define su éxito en saber que sí se puede vivir del arte. Aprendió que no es el dinero lo que le deja el sentimiento de que las cosas están saliendo bien, sino la satisfacción de cada logro, de cada pintura, de su persistencia por seguir agregando color al lienzo hasta lograr ver en la realidad lo que su mente ingenió… en dejar en paz un lienzo, alejarse para contemplarlo y llenarse de esa sensación que lo inunda al sentirse convencido de la obra creada. “Hace poco hice un retiro espiritual y me puse a revisar mis trabajos. Salí excelente porque corroboré mi idea de crear a la perfección lo que visualicé en mi mente, aunque ya me he vuelto más flexible en mi necedad… hay veces que, en el trabajo, se resuelve antes lo que visualicé en mi mente.”

Y en su recuento de hechos, una vez más sale triunfador por sus logros de un año, sus metas obtenidas y los viajes realizados, sin dejar de lado su participación en talleres experimentales de pintura, participación en galerías y exposiciones propias.

Agradecemos a Marco Miranda compartir con Decide Ser Grande sus experiencias apasionadas y su gusto por la pintura.